La habitación del niño

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Álex de la Iglesia es, sin duda, uno de los mejores directores de este Estado al que llamamos España y en el que a los que compartimos cultura se nos llama ladrones. Y lo es, habiendo hecho lo que le gustaba, no vendiéndose al mejor postor, ni realizando secuelas de dudosa calidad, sino dejando una impronta muy personal en todos sus trabajos.

Con títulos a sus espaldas como "Acción Mutante", "El día de la Bestia", "Muertos de risa", "La comunidad", "Crimen Ferpecto", "Balada triste de trompeta, y la última (y no por ello peor) "Las brujas de Zugarramurdi", ha sabido aunar humor negro y terror a partes iguales. Además, ha demostrado ser un hombre comprensivo con las nuevas tecnologías y un cineasta capaz de entender que la industria cinematográfica está anticuada y debe actualizarse (si no quiere verse sobrepasada por alternativas como Netflix). Su batalla contra Sinde y la historia de los Goya es por todos conocida, por lo que no profundizaré más en el tema.

“La habitación del niño” es un telefilm de terror (no lo infravaloréis por ello)  bien realizado. Dirigido por Álex en 2006, forma parte de la serie de ‘Películas para no dormir’, producidas por Narciso Ibáñez Serrador y dirigidas por diferentes cineastas dedicados a este género, en honor a la serie de televisión de mismo nombre que comenzó su andadura a mediados de los años 60.

De la Iglesia nos introduce en la historia de un matrimonio con un niño recién nacido. Cómo reciben la casa de sus sueños a un precio bastante bajo (gracias a la inmobiliaria de "El Corte Inglés", cómo no), se instalan e intentan ser felices a pesar de no tener mucho. Todo parece ser perfecto, hasta que la hermana de Juan les regala un intercomunicador para bebés a través del cual comenzarán a escuchar angustiosas e inquietantes voces...

Tras esta breve presentación, ‘La habitación del niño’ podría aparecer ante vuestros ojos como un nuevo y detestable intento de “‘Masters of horror’ a la española”, pero nada más lejos de la realidad, es un filme de terror que recoge elementos clásicos y sabe conjugarlos con las nuevas tecnologías. En ocasiones llega a asustar de verdad (sin la utilización de ningún tipo de engaño, algo poco frecuente en la actualidad). Es importante destacar la capacidad de su director para conseguir un producto de calidad con los materiales de los que disponía: una producción bastante modesta, un caserón abandonado y un par de actores que no son nada del otro mundo (un Javier Gutiérrez aceptable al que Álex supo sacar partido y una Leonor Watling bastante discreta y con una vocalización aceptable, algo no muy frecuente en su filmografía).

Una historia que podría desembocar en el tópico trillado de la casa encantada con cualquier otro cineasta al frente, no decae en ningún momento gracias a la sabia utilización de recursos cinematográficos y los puntuales toques de ciencia ficción (física cuántica incluida que a muchos nos hará esbozar una sonrisa). Una película que puede y debe mirar por encima del hombro a cualquier (sub)producto o remake ochentero de terror procedente de EEUU. Eso sí, no es ninguna obra maestra, no está exenta de fallos que algunos descubriréis. No debo contaros más, disfrutad del terror español, disfrutad del gran Álex.

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