Soy un fugitivo: Alegato antirepresivo

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Ya lo decía Piotr Kropotkin en su ensayo sobre las prisiones:

"Y, por otra parte, cualesquiera que sean los cambios introducidos en el régimen penitenciario, la reincidencia no disminuye, lo cual es inevitable; la prisión mata en el hombre todas las cualidades que le hacen más propio para la vida en sociedad. Convirtiéndole en un ser que, fatalmente, deberá volver a la cárcel, y que expirará en una de esas tumbas de piedra sobre las cuales se escribe Casa de corrección -, y que los mismos carceleros llaman Casas de corrupción.

Si se me preguntara: ¿Qué podría hacerse para mejorar el régimen penitenciario?, ¡Nada! - respondería - porque no es posible mejorar una prisión. Salvo algunas pequeñas mejoras sin importancia, no hay absolutamente nada que hacer, sino demolerlas."

James Allen (un magistral Paul Muni), héroe de guerra, está harto de la alienación que supone el ejército y tras su vuelta no se amolda a una situación familiar y laboral en la que se encuentra prisionero, quiere ser libre, por ello huye y busca trabajo en el construcción. La vida no le da un respiro y tras varios meses sin encontrar nada más que negativas, su futuro no parece tan claro como en un principio, pero no pierde la esperanza. Es en este momento cuando se ve envuelto en una serie de absurdas circunstancias por las que termina absorbido por ese consumidor de seres humanos, la cárcel.

Así comienza "Soy un fugitivo" ("I Am a Fugitive From a Chain Gang") película de 1932 que supone uno de los mayores alegatos contra los trabajos forzados en particular y contra el sistema penitenciario en general que se haya rodado hasta la fecha. La capacidad de su director, Mervyn LeRoy ("Little Caesar", "Quo Vadis", "La mala semilla"), para condensar toda esa crítica en apenas 90 minutos de metraje roza la genialidad. La actuación de Paul Muni es espectacular, reflejando magistralmente el sufrimiento y la desolación de un hombre masticado por el mundo civilizado. Es una clara patada en la boca a toda esta falsaria sociedad occidental llena de una moralidad enfermiza que transforma al ser humano en esclavo de su propio ideario.

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