El Resplandor: perversión y fotograma

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Es complicado volver a visitar este gran clásico del terror (y permitidme añadir, del cine en general), y no verse arrastrado por las innumerables interpretaciones y críticas. Examinar esta versión despreciada por el propio Stephen King es algo tan complicado como montar un puzzle que no tiene sentido, cuya imagen final solamente es capaz de ser descrita por su autor. No obstante, nos basaremos en la versión cortada por Stanley Kubrick, aunque el corte fue “profundo”, merece la pena ver las dos versiones de la película.

Esta película corresponde a la época del autor en la que había alcanzado un estado aparente de celebridad. Según algunos expertos, que en su mayoría expresaron su opinión en el famoso documental "Habitación 237" (digno de ver), "El resplandor" esconde un proceso de preproducción tedioso y altamente complejo, provocado por un Kubrick que había descubierto lo que eran las grandes producciones y se encontraba decepcionado. Pero esto es una opinión, ya que con Barry Lyndon, su anterior trabajo, cumplía muchas más satisfacciones personales de las que creemos. Por un lado, tenía la necesidad de retratar la vida de Napoleón en un filme que nunca llegó a realizar y gracias a una novela que descubrió durante el proceso de investigación, en la que salía un personaje que llamó su atención, Barry Lyndon, lo utilizó para construir una historia que serviría, por otro lado, como carta de presentación de su película basada en uno de los períodos más importantes de la Historia Contemporánea europea. Como veremos más adelante, Kubrick sentía una obsesión por los grandes males y crímenes provocados por el hombre, algo propio de un artista con una mentalidad altamente humanista.

Aunque parezca algo gratuito, me veo en la obligación de explicar el argumento principal. La película relata la historia de Jack Torrance (interpretado por Jack Nicholson), un hombre que empieza a sufrir inquietantes trastornos de personalidad al poco tiempo de llegar a un solitario hotel, el Overlook, al que se había trasladado con su familia para ocuparse de la vigilancia y el mantenimiento durante el invierno, época en que permanece cerrado y aislado por la nieve. Paulatinamente, debido a la incomunicación, al insomnio, a sus propios fantasmas interiores y, tal vez, a la influencia maléfica del lugar, se verá inmerso en una espiral de violencia contra su mujer y su hijo, que a su vez parecen víctimas de espantosos fenómenos sobrenaturales.

Para rodar "El resplandor", se utilizó un proceso de producción complejo y perfeccionista, como la mente del propio autor. Un equipo se encargó de tomar fotografías del lugar durante varios meses para captar la esencia de los escenarios en los que se rodaría la película. Se escogió a los actores con el perfil que más se adecuaba al perfil establecido por el guión de Diane Johnson (ya que King renunció al proyecto desde el principio, para años después rodar su propia versión). Danny Lloyd, el niño protagonista de la historia, fue elegido entre 5.000 candidatos.

En cuanto el aspecto técnico de la película. En ocasiones se ha despreciado esta obra y no se ha asociado con la facultad imperante de Kubrick de innovar en cada uno de sus filmes. Tenía la sensación de perfeccionar sus películas en todos los aspectos. Y gracias a esta facultad, consiguió progresar e innovar con cada fotograma, lo que llevó a influenciar a toda una generación de cineastas que siguieron su estela en cuanto a técnicas de fotografía y efectos visuales. Prueba de ello es la excesiva utilización de la steadicam que consiguió darle al filme un aire de novedad y frescura. La steadicam se había inventado un par de años antes y sirvió para disfrutar de planos en movimiento con una soltura y una belleza nunca antes vista en el séptimo arte. La perfección de las escenas de Danny (el niño) recorriendo el hotel con su pequeño triciclo en esos pasillos con moqueta setentera no podrían haberse realizado sin este recurso, y es que la steadicam nos permite meternos de lleno en la escena, sentir la tensión de Danny en cada momento.

Cada plano tiene un significado. Según algunos la película guarda una simbología en cada una de los fotogramas que la componen. Yo no diría tanto, pero resulta sorprendente observar algunos de los planos de la película. La composición y los colores que los enriquecen, hacen que nos encontremos ante un siniestro espectáculo fotográfico. Stanley Kubrick gustaba de alcanzar la precisión en el encuadre y la imaginación de innovar con diferentes planos no utilizados antes. Fruto de esto son algunas de las imágenes más aterradoras de una película que contaba casi exclusivamente con la interpretación de un soberbio Jack Nicholson. El mal, reflejado en la expresión del actor, es captado por la cámara del cineasta y nos transmite las sensaciones y emociones principales de una película que refleja una perversión mucho más profunda que la que pueda provocar un ente místico y desconocido, el que radica, como no podía ser de otra manera, dentro del alma del ser humano. Otras lecturas establecen que el director podría tener la intención de revindicar los episodios de genocidio más importantes de los últimos tiempos. El miedo a los desconocido radica en el hotel, a la capacidad de convertirnos en un ser atormentado capaz de hacer atrocidades indescriptibles.

Kubrick lo reivindica y nos dice: Está ahí y pertenece a vosotros.

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